LA CHANCA HABLA

Crónica y reflexiones de las I Jornadas de Luchas Vecinales organizadas por el Grupo Acción y Reflexión
Jornada del 20 de diciembre de 2013. A.VV. La Traíña
Elena Pedrosa PuertasMujeres en huelga en La Chanca
(Puedes ver los vídeos íntegros de la charla en este enlace https://grupoaccionyreflexion.wordpress.com/2015/02/23/ciclo-luchas-vecinales-20-diciembre-19-h/)

“La chanca habla, combate y se hace oír” (José Ángel Valente).[1]

El escritor José Ángel Valente vivió La Chanca como lo hicieron Juan Goytisolo o Carlos Pérez Siquier, como una comunidad auténtica y luchadora. En los años 90, pocos antes de su muerte, Valente reflexionaba: “La ciudad ha dejado de ser una auténtica comunidad. Se ha fraccionado en guetos, ha padecido un proceso de desintegración. El solemnemente llamado –y, efectivamente desamparado- “casco histórico” es un lugar privilegiado por la negligencia total. La ciudad ha dejado de ser un lugar de convocación. Los almerienses apenas tienen plazas que puedan llamarse tales.”

Muchos almerienses dan la espalda y desconocen la esencia de sus barrios –dice Valente: “Tal es lo que sucede a la gente de la Almería del enriquecimiento o la abundancia respecto del barrio de La Chanca. No la conocen porque no se asoman a ella, porque tienen miedo a lo desconocido y fabulado (…) hay otros ejemplos menos combativos o más clausurados, como El Puche, Los Almendros y, a su manera, toda la vieja parte de la ciudad, tan sólo protegida para visitas turísticas.”

Este Ciclo de Luchas Vecinales que organizamos pretende tomar ejemplo de los maestros: las comunidades que han hecho de la unión su lucha y para quienes la lucha es unión. Por eso uno de nuestros protagonistas es el barrio de Pescadería-La Chanca, esquina del puerto de la ciudad de Almería.

Contexto político-social

Durante los últimos años de la dictadura, así como en los primeros de la Transición, el panorama socio-económico almeriense equiparaba a esta provincia andaluza, según las estadísticas, con los países del Tercer Mundo. La precariedad laboral, sanitaria y en cuanto a la vivienda convertía al barrio de Pescadería en una zona marginal.

A raíz de las huelgas de pescadores, promovidas por las fuerzas políticas de la extrema izquierda coordinadas por José Francisco García (conocido como Pepe “el barbero”), Miguel Moya o Silvio de Miguel, entre otros compañeros, durante los años 70, el barrio vive un despertar político y las organizaciones minoritarias (Bandera Roja, PLO y UCCO) se arraigan en la lucha obrera y vecinal creando un movimiento asambleario que sirvió para encumbrarles “hacia un protagonismo creciente en el barrio.”

Se puede hablar, por tanto de una relación simbiótica, en la que el apoyo mutuo fue la fuerza de origen y continuidad para esta “transformación comprometida e integrada” que da lugar a un “proyecto de gran sentimiento social, de colectividad responsable”, un “modelo de desarrollo comunitario donde la participación activa de la población es un armazón fundamental del mismo”, en palabras de Fernando Díaz Haro.[2]

Durante el debate que mantenemos, no sólo en estas jornadas, sino a diario, cuando nos preguntamos unos a otros qué ocurre que la gente no explota ante la miseria y precariedad que vivimos, unos dicen que antes se estaba peor, otros dicen que antes se sabía luchar y que ahora no. Algunos vecinos, como José Campoy, que vivió las revueltas de La Chanca siendo niño, se preguntan qué ocurre ahora en un barrio que ha sido combativo y denuncia la cercanía a las Administraciones de los colectivos y asociaciones vecinales, la politización de las luchas y la falta de una iniciativa como la de entonces: “¿por qué no explota, por qué no se hace la revolución, por qué no existen personas como las de entonces, por qué no surgen de nuevo esas batallas campales?”

Pepe insiste en que “cualquier tiempo pasado no fue mejor”, y explica: “Cuando la gente se moría de tuberculosis en mi barrio nadie se tiraba a la calle. Había miedo. El miedo es la herramienta que utiliza el poder. Sólo se puede combatir perdiendo el miedo.” Y se defiende: “Los procesos se pueden acelerar o acortar. Estamos en otro contexto, hoy hay otro tipo de lucha. (…) La gente está acostumbrada a que seamos los mismos de siempre los que tiremos para adelante. Nadie nos puede exigir que hagamos la revolución por ellos. Hay que discutir para ponernos de acuerdo para llegar a una acción, no para quedarse con los brazos cruzados. (…) Sabemos que el único camino es la lucha, pero la lucha concreta.”

Habría que contextualizar el momento que se vivió, como explica Silvio de Miguel: “Pillamos un momento que era el colofón de una etapa histórica en España, con el fin de Franco y la explosión del concepto de democracia. Antes de eso nadie se cuestionaba el pensamiento político”. “Ahora hay ideas políticas pero hay un vacío, no tenemos claridad política. Es verdad que existen luchas, y cuantiosas, pero la lucha ha perdido eficacia, no tiene efecto.”

El origen de la lucha en La Chanca

¿Qué ocasionó en La Chanca la pérdida del miedo?, ¿cuál fue el detonante para las primeras huelgas y primeras asociaciones obreras clandestinas?, ¿qué les llevó de la inacción a la acción? Pepe “el barbero” nos lo cuenta: “El tema de la pesca surge en mi barbería. Organizado con un grupo de gente. Yo lo organicé desde mi plataforma con otros, en un círculo muy estrecho que se fue abriendo. A principios de enero del 76, recién muerto el dictador, el miedo era evidente.”

La primera asamblea se celebró durante la Semana Santa del 76, en la Iglesia de San Roque: “Tomamos la sacristía de la iglesia y allí hicimos la asamblea y decidimos que íbamos a ir a la huelga el 16 de julio. Lógicamente todo el mundo se enganchó porque vio un resultado.”

“Fuimos miembros fundadores de las primeras Comisiones Obreras que se crean en Almería en el año 75, y antes del 77 ya estábamos fuera -explica Pepe- porque no estábamos de acuerdo con lo que se estaba haciendo y la línea que estaban tomando. (…) Ideológicamente estábamos muy convencidos y éramos conscientes de lo que estábamos haciendo.”

Ante los problemas surgidos en el sector pesquero, se desvincularon de la central sindical de CC.OO y -explica Díaz Haro- “apostaron por organizar a los obreros de forma autónoma a través de asambleas. Poco a poco se perfilaron como un partido anarco-comunista que trabajaba desde la base y sobre hechos concretos a través de asambleas”. “Conseguimos tener presencia en la organización pesquera, representación obrera. Más político y sindical, aunque implicamos al barrio” -aclara Pepe.

Las plataformas de lucha obrera, Unión Comunista y comités obreros (PLO y UCCO) llevaron a cabo otras iniciativas para combatir el paro como la creación de cooperativas laborales de autoempleo, como la empresa de multiservicios “La Traíña”. Para hacerse escuchar en el barrio y en la ciudad, crearon un potente aparato de propaganda, además de las revistas de pensamiento, los órganos de expresión y los boletines internos.

Miguel Moya describe a un colectivo “con gran riqueza y creatividad”, en el que “cada uno aportaba lo que podía”. El compromiso de los impulsores, muy cercano a construir con la gente, muy cercano a sus necesidades inmediatas (agua corriente, alcantarillado, trabajo), supuso una verdadera “actitud de vanguardia”: “no era una actitud de creerse que eran los más listos sino que era gente que estaba dispuesta a estar todo el día en la calle con el personal, a ver lo que el personal quería hacer.”

Miguel desmiente “una mítica espontaneista que no se corresponde en absoluto con la realidad”, y defiende que la lucha que se consolida, da frutos y continúa no surge espontáneamente: “Eso muchas veces se ha obviado, que hubiera un núcleo de gente organizado que estábamos entregados las 24 horas del día, un tipo de militancia que hoy día sería imposible pero si no, no se puede entender.”

Silvio de Miguel compara esta lucha con la del barrio de Gamonal en Burgos (del que acabamos de ver un documental)[3] en cuanto a que la entiende como una lucha parcial, para algo muy concreto que, en el momento en el que se logra, acaba. Sin embargo, “en la experiencia de La Chanca en aquel periodo –explica- lo que unifica es que existe un planteamiento global. Las luchas coincidían y las que se conseguían, se añaden, no significa el fin del movimiento. Había una proyección más allá de la lucha concreta, había una proyección política. Esa “vanguardia” que estaba allí era un frente que tenía una visión política.”

Gamonal sí guarda similitud en cuanto a que, a través tanto de diálogo como de presiones al poder se consigue “arrancar lo que tú quieres”. Pescadería-La Chanca, La Traíña, se hicieron fuertes gracias a la participación de toda la gente del barrio. Pero, como explica Pepe, ellos no luchaban contra algo, sino hacia algo, y crearon su propia alternativa: “Conseguimos que se hiciera no lo que la Administración decía, sino lo que planteamos los vecinos del barrio de lo que queríamos que fuese el barrio en el futuro.”

El clima de convivencia iba unido a los logros. Crearon un centro social y de servicios para el barrio, una asesoría laboral, celebraron conferencias educativas y sanitarias, y utilizaron la cultura y el teatro como vehículo y método para la captación. Aparte de la primera asociación de parados, contrataciones municipales y cooperativas de trabajo, consiguieron la construcción de viviendas arregladas a la economía del barrio (estaban viviendo en infraviviendas o cuevas) urbanizando “como nosotros pensábamos”.

Uno de los aspectos que abordamos en estas jornadas es el concepto de “gentrificación”, que supone el ataque estructural por parte de los poderosos (las Administraciones, habitualmente) para acabar con el hábitat de un barrio, por la dejadez en la limpieza de las calles, mantenimiento de las casas, introducción de delincuencia y drogas, etc. hasta que, poco a poco, se va convirtiendo en marginal, con el fin de venderlo como área comercial o turística, aunque también como táctica de guerrilla de desgaste, para desmoralizar una lucha frontal de un vecindario. Pepe recuerda uno de los peores problemas a los que tuvieron que hacer frente en La Chanca y que se deriva precisamente de este proceso, de este ataque: “La droga en el barrio llegó justo después de la huelga de pescadores. Antes no había droga. Y nos dimos cuenta de quién estaba detrás de ello: la policía. Otro combate más que tuvimos que librar.”

Luego se legalizaría la asociación vecinal “La Traiña”, que continúa cumpliendo objetivos en la actualidad. Según Díaz Haro, son “30 años de responsabilidad social, cultural y medioambiental” en los que destaca el “compromiso con el barrio que se extiende por la ciudad a través de la colaboración y apoyo a distintos colectivos municipales o más allá de las fronteras”.

José García “el barbero” habla orgulloso del prestigio que ha cobrado esta asociación en el mundo, ya que, aparte de obtener un reconocimiento al primer PERI de la Chanca, con la calificación de BEST en el Tercer Concurso Internacional de Buenas Prácticas en el 2001, nos cuenta: “Parte del método para rehabilitar las favelas de Brasil está sacado de este barrio.”

Unión Comunista, Comités Obreros y plataformas de lucha obrera

Los comités obreros eran plataformas de acción pública. Negaban el marco legal existente, no reconocían otra legalidad que la emanada de la democracia obrera asamblearia. Nunca se legalizaron, ni pidieron hacerlo, aunque sí aprovechaban las ventajas de la cobertura legal a la hora del trabajo político. (PLO fue el sindicato, legalizado en 1979, de carácter asambleario, encargado de llevar a la práctica las directrices políticas y sindicales de UCCO).

La principal diferencia que presentaban con respecto a otros grupos que militaban en la izquierda radical, es su negativa a aceptar las convocatorias electorales, y no sólo las de carácter partidista, también en todos los referéndums. Pedían siempre la abstención, el boicot electoral. Sólo la participación obrera, expresada mediante asambleas, garantizaba la democracia para ellos. No se sometieron nunca a la cuantificación electoral, no se supo ciertamente cuál era su representatividad real. Se escudaron siempre detrás de la abstención, tratando de capitalizarla como un indicio de rechazo al nuevo sistema político.

Silvio de Miguel lo explica: “Estábamos en contra no sólo del franquismo que ya estaba muriendo, sino que también estábamos en contra de la democracia naciente. (…) Veíamos que la democracia que iba a nacer en España iba a ser la nueva forma en que iban a dominar los mismos que antes estaban pero con el consentimiento de la gente. (…) Eso guiaba nuestro proyecto, y coincide con un elemento claro: era un barrio obrero. (…) Nuestro objetivo político fundamental es que entendiéramos que el movimiento lo tenía que encabezar la lucha obrera”.

Mantuvieron intensas campañas de oposición a la Constitución de 1978, al Referéndum Autonómico, al Estatuto de Autonomía, al Acuerdo Marco (1980), la Ley Básica de Empleo (1981) y todos aquellos acuerdos firmados por los sindicatos, la patronal, el gobierno y la oposición. Como alternativa presentaron una fórmula distinta de hacer sindicalismo directo. En la cuestión de combatir el paro, por ejemplo, apoyaron a todo aquel trabajador dispuesto a resistir una larga campaña contra su despido, participaban de la tesis de que un trabajador no perdía su puesto de trabajo si estaba dispuesto a luchar para recuperarlo, y así lo hicieron en numerosas ocasiones.

“PLO-UCCO -explica Díaz Haro- llevaron un trabajo directo con los vecinos, no eran políticos que venían a pedir el voto, sino a fortalecer estructuras de lucha obrera que se auto-organizaban para hacer cosas concretas, obteniendo pequeños éxitos. Eran un ejemplo real que demostraba que organizarse servía para algo.”

Pepe, presidente tras 27 años de la asociación La Traíña, hace una valoración de lo conseguido hasta ahora, recordando que la lucha no fue fácil: “Teníamos métodos de lucha muy pacíficos, no íbamos con piedras ni con palos, pero no hemos permitido que nos machaquen, si hemos sido atacados, nos hemos defendido.”

Algunos compañeros estuvieron en la cárcel, otros se fueron marchando, pero eso no ha sido motivo para el desánimo: “La vida sigue y eso también es parte de nuestra realidad.”

Movimientos sociales y vecinales: la lucha en la actualidad

Este debate sobre luchas vecinales pretende, como objetivo principal, analizar las causas del éxito o el fracaso de los proyectos comunitarios basados en el asamblearismo y el apoyo mutuo. Nos interesa no sólo saber del logro o fracaso de sus reivindicaciones, sino también conocer el proceso humano y no sólo táctico que ha sentado la base para un aprendizaje que todos debemos hacer. La apatía de los jóvenes, la falta de unificación o particularización de las luchas, el individualismo y el egoísmo o la alienación a la que nos someten los medios de comunicación, ocio y cultura, así como las Tecnologías, fueron algunas causas que se barajaron, causas que los protagonistas de esta charla contradecían de manera vehemente, al grito de “nosotros lo hicimos”:

“Entendemos que el movimiento ciudadano está débil, está en manos de quien está porque no existen otras manos”, dice Pepe, animándonos a ser realistas: “Una lucha todos los días de miles de personas en la calle es imposible”. Nos anima también a desarrollar las ideas no en sindicatos o partidos, sino en el trabajo o en el barrio en el que vives: “La gente tiene que entender que las revoluciones no se hacen sólo desde las organizaciones políticas, sino desde los movimientos sociales y el primer movimiento social está en los barrios, saber trabajar en esos barrios, participar en nuestro propio barrio. (…) Los problemas que tienen nuestros vecinos son los mismos que tienes tú, seamos de la ideología que seamos.”

Silvio refuerza la idea de la unificación de las luchas, reflexionando acerca de la dispersión actual de los sectores en lucha: “Tienen más proyección política ahora pero no llegan a tener algo que nos unifique”. Piensa que “tenemos que buscar cómo dar un salto cualitativo porque las rutinas y las mismas formas de antes no están teniendo efecto”, buscar cuáles son las formas de lucha “que hacen daño a este Sistema”.

 

Debilidades y alternativas

De entre los asistentes al debate, Daniel opina que una de las debilidades es la falta de ideal político de los jóvenes, ya que éste está mediatizado por la comunicación de masas, el consumo alienante y el ocio tecnológico: “Tienen espacio, tienen todos los medios, pero no tienen una visión de cómo están las cosas, porque no piensan por sí mismos”. La “dictadura del capital”, explica Daniel, ha sustituido la heroína de los años 80 por la marihuana, para mantener a la juventud adormilada y carente de interés hacia las luchas. “Existe una sumisión asumida, una comodidad y una pasividad” que, como dice Eugenia, en parte, está ocasionada por las redes sociales en las que nos movemos: “Gritáis, protestáis, pero estáis ahí, delante de una pantalla, no estáis donde tenéis que estar.”

Lorenzo opina que los objetivos colectivos ahora no están claros: “El objetivo no es sólo encontrar trabajo, el objetivo es que esto no funciona y queremos transformarlo”. Aunque piensa que “la gente es capaz de encontrar intereses afines”, crear un colectivo a partir de una realidad concreta a través de la conciencia política, como demuestra la lucha de La Chanca, “formándose, organizándose, creciendo como grupos de vecinos”, creando un tejido donde la gente comparta y conviva.

Daniel también apunta a la globalización como la causa de la falta de concreción de las luchas: “El empleo ya no es algo a nivel local, es global, las empresas vienen de fuera”. La solución, para él, pasa por la autogestión y los movimientos de okupación: “la gente se ha cansado de depender del Sistema.”

El asamblearismo y el trabajo comunitario suponen para Pepe afianzar pasos en la lucha para que este sistema “se vaya cayendo a trozos”: “Estamos en una sociedad en la que es imposible que nosotros solos podamos hacer la revolución social. El cambio de Sistema es la lucha de todos, de futuro.” Por eso, dejan su casa abierta a los necesitados y a los luchadores, para crear frente común: “Nosotros seguimos con nuestras cosas. No cortamos carreteras como hacíamos antes, ya hemos solucionado lo más grave: vivienda, infraestructuras, empleo. Pero estamos ahí, seguimos ahí, creemos que es posible conseguir cosas.”

Conclusión personal

Quizá lo que nos falte ahora sea una lucha común, o un compromiso mayor, o el tiempo necesario para estar las 24 horas en la calle con la gente, atentos a necesidades concretas. En el 76 la lucha era más peligrosa y, sin embargo, se hacía. Quizá la diferencia con respecto a ahora era que el enemigo estaba claro. Se llamaba Franquismo. Estaba fuera y podíamos señalarle con el dedo.

¿Quién es ahora el enemigo y dónde se encuentra? Creo que no nos ponemos de acuerdo para establecer las bases comunes de la lucha (como ocurrió en el 15M) porque unos desean lo que otros vemos claramente como “el enemigo”. El “Estado del bienestar”, el Sistema que todos somos y que, como dice Pedro García Olivo, tenemos que arrancarnos como si fueran garrapatas.

La “descodificación”, la auto-construcción ética, es una lucha difícil y solitaria, pero es el único camino para construir comunidad, para recuperar el espíritu que hizo posible que la lucha de Pescadería-La Chanca existiera. Si estamos atomizados, como individuos-nada que consumen, compran, disfrutan, se evaden, trabajan y duermen, la lucha resulta imposible.

Por eso es tan difícil ahora unificar las luchas. No tanto por la diversidad de colectivos, no tanto por la lucha mutua en la que nos sumen las ideologías. Quizá la clave esté en el sentido polisémico que ha cobrado en los últimos tiempos el término “antisistema”. Quizá un comienzo podría ser ponerse de acuerdo en el significado de esta palabra. Ser antisistema es no permitir que el Sistema te cambie y, como dice Pepe “el barbero”, la capacidad de resistencia es (ya o sólo) ganar una batalla.

Cuando hablamos de un cambio de Sistema parece que quisiéramos derribar el modo de vida ordenado y coherente que “ha existido siempre” por algo que no se sabe muy bien qué es, pero que resulta caótico y produce vértigo. A poco que investigas en historia, sociología y antropología aprendes que es el Sistema actual el que ha robado el sentido común, que es la manera en la que se ha construido el ser humano y la verdadera historia que nos lleva hasta el presente.

Las tribus, comunidades, guildas o ciudades libres medievales son sólo ejemplos remotos de ese modo de vida basado en el autogobierno local como preservador de la ética y la humanidad, de la idiosincrasia y esencia de los pueblos, del sentido común, que lo ordena todo. Lo que hicieron en Pescadería-La Chanca fue retomar el sentido común y actuar de la manera en la que siempre se ha actuado: de manera comunitaria, con la fuerza de la ayuda mutua del colectivo vecinal que hace de la unión un método de presión y lucha.

Es el Sistema el que impone modos y arrebata ese sentido común en la gestión de la vida. Es el Sistema el que resulta caótico y es anti-nosotros. Pero el Sistema no es una abstracción, aunque tampoco algo concreto contra lo que pueda lucharse hacia afuera, en estos momentos. Lo difícil no es conseguir un grupo humano interesado, ni siquiera es difícil encontrar a gente afín a quienes muevan las mismas necesidades. Lo más difícil, creo, es convertirse en ese movimiento de vanguardia y convencer con el ejemplo de que el Sistema, que somos todos, es esa parte hedonista y egoísta que replicamos y en la que nos adoctrinan cada día.

Vivimos un momento en el que “el espectáculo” se ha apropiado de las protestas, de las huelgas, de las luchas, de los conceptos de comunidad y vecindario, y nos los muestra descafeinados, tergiversados. Es entonces cuando confunde y gana. Ahí somos débiles. Ahí es donde debemos hacernos fuertes.


NOTAS:

[1] Juan Goytisolo, La Chanca. Ed. Consejería de Obras Públicas y Transporte, Junta de Andalucía. 2001. Doble edición realizada con motivo del concurso de jóvenes arquitectos europeos Europan 5 España, Almería-La Chanca. En ella se recoge, por vez primera y de forma monográfica, una selección del trabajo realizado en La Chanca, entre 1957 y 1972, por el fotógrafo Carlos Pérez Siquier junto a los textos rescatados de la primera edición de 1962 del escritor Juan Goytisolo, entonces exiliado. La cita es del prólogo “Almería, la chanca y la memoria” de José Ángel Valente, leída en la III Semana Cultural de La Chanca, Almería, 1996.

(https://ws147.juntadeandalucia.es/obraspublicasyvivienda/publicaciones/01 ARQUITECTURA Y VIVIENDA/la_chanca/goytisolo_perez_siquier.pdf)

[2] Fernando Díaz Haro, El barrio de Pescadería y el arraigo de la izquierda radical. Un curioso caso de supervivencia en la Transición almeriense (1974-1984). G.I. ESTUDIOS DEL TIEMPO PRESENTE (http://www.historiadeltiempopresente.com/web/index.php?option=com_fjrelated&view=fjrelated&layout=blog&id=365&Itemid=497)

[3] El documental “¿De quién es la calle?” (http://www.youtube.com/playlist?list=PL00E9F27C541BDA56) trata sobre la lucha de los vecinos del barrio de Gamonal (Burgos) para evitar la construcción de un parking subterráneo en una de sus céntricas avenidas, Eladio Perlado. El aparcamiento subterráneo que el Ayuntamiento tenía proyectado construir desató un intenso rechazo que dio lugar a manifestaciones y movilizaciones contra el parking y la especulación. En el momento de escribir este texto esta lucha ha evolucionado con respecto al documental, curiosamente poco después de la celebración de estas jornadas se vivieron momentos de recrudecimiento de la lucha (enero 2015) que la han convertido en espectáculo mediático pero también referencia para muchas luchas vecinales.

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